top of page

Abracadabra. La hechicera de la Soldadesca

  • Foto del escritor: Mario Garrido Espinosa
    Mario Garrido Espinosa
  • 4 abr 2019
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 7 ene

Pintura de una bruja de cuento de hadas al estilo gótico

«Me llamáis bruja. Y me despreciáis por ello. Pues a partir de ahora lo voy a ser de verdad. Y cuándo necesitéis de mis poderes, no os saldrá barato. ¡Pagaréis por todo vuestro desprecio hasta la última gota de vuestra alma!», juramentó un día, sellando aquel pacto con la rúbrica de los rayos de una tormenta.

Y a partir de entonces fue muy raro verla hablar con otras personas y cuando alguien intentaba conversar con ella sin su consentimiento le ladraba como si fuera un perro rabioso. Empezó a vivir en una cuadra pestilente y decían haberla visto alimentarse de cápsulas de musgo, de flores de hibisco, de los pomos rojos y carnosos de los fresnos, y de hongos y setas que teóricamente matarían a una persona tan solo con olerlos.

Portada y contraportada de la edición en papel de "El Reino de los Malditos"
Portada y contraportada de la edición en papel de "El Reino de los Malditos"

La gente aseguraba que guardaba su propia orina y cuando ésta se ponía rancia, la utilizaba como si fuera una loción para el cabello. Con ello conseguía no tener piojos ni liendres a pesar de los descuidos evidentes que parecía tener respecto de su higiene. Otros la vieron cazando víboras con una destreza escalofriante, como si no fueran animales peligrosos por su veneno. Se comía su carne cocida en agua de lluvia, para que sus músculos nunca sufrieran dolores y siempre respondieran bien. Además, se aseguraba que era capaz de predecir el futuro con sólo mirar las estrellas en la noche o cerrar los ojos. Y esa fama hizo que muchas personas incultas y analfabetas de las que había en gran cantidad por la región, vencieran su miedo y la visitaran para que les adivinara el porvenir, creyéndose todo lo que escuchaban igual que si la bruja estuviera impartiendo su saber en una ciudad babilónica del año trescientos antes de Cristo. Ella las recibía en su guarida, donde de repente se veían inmersos en un escenario preparado para dar miedo, para inquietar a las mentes más supersticiosas, y, previo pago de cantidades desorbitadas —que a veces eran el producto de años de ahorro—, hacía valer su supuesto poder de vidente, leyéndoles las palmas de las manos o de los pies, observando la forma y aspereza de la lengua, examinando el olor de los sobacos, contándoles los pelos de la nariz o de las orejas, revisando la roña de sus uñas o de su ombligo, interpretando las mucosidades y la baba de sus escupitajos… Contándoles, finalmente, cualquier cosa que le venía a la cabeza y, de manera infalible, acertando en todas sus predicciones.

Acabas de leer un fragmento de la novela “El Reino de los Malditos".

Recuerda que puedes leer todos los libros de Mario Garrido gratis con amazon kindle unlimited :)

Otros enlaces que te pueden interesar:

Más artículos como este --> pincha aquí.

Libros de Mario Garrido --> pincha aquí.

Libros de Mario Garrido traducidos --> pincha aquí

Libros en amazon --> pincha aquí.

Reportajes sobre el autor:

Xataka --> Pincha aquí

El Confidencial --> Pincha aquí

Comentarios


¡SÍGUEME! 

  • Facebook Classic
  • Twitter Classic
  • c-youtube

© 2025 por Mario Garrido Espinosa

bottom of page