Carvalho, la soledad del Manager, de Migoya y Seguí. El detective de la Transición
- Mario Garrido Espinosa
- 12 dic 2019
- 4 min de lectura
Actualizado: 31 may 2025

Hace un par de años el guionista Hernán Migoya y el dibujante Bartolomé Seguí nos sorprendieron a muchos con la adaptación al cómic de la novela “Tatuaje” de Manuel Vázquez Montalbán que, como todo el mundo sabe, es el segundo libro donde aparece el detective Pepe Carvalho, esta vez como protagonista. El cómic fue un rotundo éxito que ha propiciado que salga el segundo volumen de la serie: “La soledad del manager”, basada en la novela del mismo título del año 1977, para disfrute de los seguidores de este detective en cualquiera de sus formas.

El dibujo y la ambientación de esta nueva entrega me han parecido tan cuidadas como su predecesora y me han recordado inevitablemente a aquella serie que protagonizó Eusebio Poncela en los años ochenta y que yo veía siendo un adolescente por la tele. Las ilustraciones son una mezcla entre el realismo de cada detalle (ceniceros, coches, vestidos de la época, mobiliario urbano, el papel de las paredes de los pisos, las baldosas de los suelos, etc) y el estilo casi impresionista de los cuadros (salvando las distancias, por supuesto) de Degás o Cézanne, pero en este caso retratando una Barcelona (una España en definitiva) gris y marrón, de colores apagados, tal y como era a finales de los setenta y principios de los años ochenta, justo cuando se terminó la dictadura y aquel periodo denominado “La Transición” todavía no estaba claro si nos llevaría hacia la ansiada (por algunos, no por todos) democracia. Todo ello conforma una mezcla que atrapa sin remedio al lector, sobre todo a los que la vivimos —aunque en mi caso fuera un mocoso— e identificamos en ciertos paisajes y escenas de las viñetas (en la atmosfera de cada plancha) algo muy parecido a lo que tenemos en nuestros más recónditos recuerdos. Por si esto fuera poco, además están los diálogos llenos de ese tono canalla que caracteriza esta serie de novelas y que el guionista parece haber respetado al máximo. Valgan como ejemplos las siguientes tres perlas:
Carvalho, consumado gourmet, ante unos mejillones a la marinera: «Están detestables. Saben a naufragados en un mar de sofrito poco hecho.»
Carvalho piensa: «Nunca he buscado la satisfacción de la obra bien hecha, pero sí al menos la de la obra hecha...»
Carvalho le propone a uno de sus investigados: «Regálame un ejemplar. Suelo encender la chimenea con libros trascendentales.» A lo que le responden: «¿Usted es de los que cuando oyen la palabra cultura saca la pistola?» Y Carvalho no se amilana: «No. Yo saco el mechero.»
Pues de estas genialidades está el libro lleno. Tanto que, entre todos estos ingeniosos comentarios, diálogos y pensamientos, corres el riesgo de perderte respecto de la trama principal del caso detectivesco que se supone que vertebra la historia. Pero no importa, pues se disfruta igual.

El diseño de personajes parece pensado al milímetro. Para el caso de Carvalho, Seguí parece haber optado por respetar las pautas de su creador, Manuel Vázquez Montalbán, esto es, dibujar un Carvalho inspirado en el actor Ben Gazzara. Sin duda, está muy bien “inspirado”. En cuanto a los secundarios de la serie, Charo, Biscuter o Bromuro, son otro de los platos fuertes del conjunto, ya que aunque salen poco, podemos reconocerlos perfectamente como “tipos” de aquellos años. De esos que se veían por las calles de una gran ciudad española del momento. Incluso uno de los personajes de esta entrega a mí me ha parecido sospechosamente parecido al Narciso Ibáñez Serrador de la época, incluido puro, gafas y pañuelo al cuello. No sé si es homenaje o casualidad. Un acierto, en cualquier caso.

En resumen, este segundo volumen no desmerece al primero en nada o puede que incluso lo supere. Además, cuenta con un pequeño extra de cuatro páginas, “De cómo Pepe Carvalho conoció (en libertad) a Biscuter”, dibujada en 2017 (dos años antes de la salida de este tomo) y que fue publicada en el suplemento semanal de La Vanguardia. Como colofón me ha resultado muy grato. Es verdad que es una historia secundaria, incluida de la novela “La soledad del manager”, pero a mí me ha traído gratos recuerdos, ya que hace referencia a la historia de la mujer de la curva que tanto me gustó cuando vi la citada serie protagonizada por Eusebio Poncela y a la que referencié en una de las aventuras de mi libro “Nostalgias Pretéritas”; en concreto, en el capítulo “El Camino del Cares III. La mujer de la curva”. Y es que, tal y como relato en ese capítulo, yo de joven también viví un episodio, más o menos libre, de la leyenda de la “mujer de la curva”. Y no se me olvida.
Terminada esta segunda aventura, sólo nos queda esperar otro par de años para poder leer la adaptación al cómic del siguiente título: “Los mares del Sur”, suponiendo que se sigan adaptando al cómic las novelas respetando su orden original. Y esperar que la cosa no termine como trilogía, si no como integral de todas las aventuras de este detective patrio. Aunque eso nos lleve muchos años…
Acabas de leer uno de los artículos recopilados en el libro "Reflexiones comiqueras"
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